viernes, 11 de enero de 2013

Isadora Duncan y la revolución de la danza


Isadora Duncan pasará a la historia como una de las renovadoras de la danza contemporanea. Su estilo, muy discutido en su tiempo, supuso una revolución de la danza clásica tradicional. 

Su vida, su arte y su muerte, no dejaron indiferente ni a sus incondicionales, ni a sus detractores.  Pero la historia ha sabido darle el protagonismo que merecia y nosotros le damos voz.

Isadora fue una niña tímida que gustaba de jugar junto al mar, el que le inspiraría movimientos de manos y pies al compás de las olas. Esta influencia está reseñada en su Autobiografía que se publicara en 1927. 

La familia se mudó a Chicago cuando Isadora alcanzó la adolescencia, y allí estudió danza clásica, pero tras un incendio que dejó a la familia en la ruina, debieron mudarse a New York, donde la Duncan ingresó a la compañía teatral del dramaturgo Augustin Daly.
En 1899 Isadora convence a su hermana y madre para emigrar a Europa. En 1900 se trasladan a Londres y luego a París.
Durante la estancia en Londres, Isadora pasaba muchas horas en el Museo Británico, admirando las obras de los clásicos griegos, principalmente las figuras de los vasos decorados, de los que toma algunos elementos, como la inclinación de cabeza hacia atrás, similar a las bacantes. Es entonces que se consolida el estilo particularismo de la Duncan. Esta danza no se asemeja a los cánones tradicionales, donde incorpora movimientos que provienen de su visión filosófica de la vida, y que puede ligarse al expresionismo.
El estilo de Isadora implica una ruptura con la danza clásica, por lo que se siente como una revolucionaria. Mientras consolida su estilo, se dedica a estudiar la danza y literatura antiguas, por medio de los museos, en especial el Louvre (París), la Nacional Gallery y el Museo Rodin. Su temática solía referirse a la muerte o al dolor, pero al contrario que la danza clásica, gira en torno a héroes, trasgos, duendes. 


Las puestas en escena de la Duncan eran minimalista, algunos tejidos celestes o azules, sustituían a los decorados tradicionales. Su vestimenta era escandalosa para la época, apenas una túnica vaporosa que permitía adivinar el cuerpo, tan distintos del tutú y las zapatillas de puntas. Duncan bailaba descalza, sin maquillaje con el cabello suelto. Esta actitud le valió en reiteradas ocasiones, el abucheo del público.

Su vida personal y su arte estuvieron alejadas de lo convencional y de la moral y tradiciones. Estuvo casada con el poeta ruso Sergei Yesenin, que era 17 años menor que ella, quien la acompañó en un viaje por Europa. El matrimonio se arruinó por el alcoholismo y mal genio del poeta, quien regresó a Moscú al años siguiente, allí cae en una depresión que culmina con su suicidio el 28 de diciembre de 1925.
Isadora tuvo dos hijos, aunque no quiso revelar los nombres de los padres, se supo que fueron: el diseñador teatral Gordon Craig, y de Paris Singer (hijo del magnate de las máquinas de coser).
Trágicamente, sus hijos Deirdre y Patrick se ahogaron en el río Sena, en París, a raíz de un accidente automovilístico en 1913. Lo cual sumió a la bailarina en el alcohol y el exceso sexual. 

Isadora Duncan era bisexual y mantuvo romances con algunas mujeres conocidas en la época: la poeta Mercedes Acosta, la escritora Natalie Barney. También se le atribuyen relaciones con la actriz Eleonora Duse o Lina Poletti. 

La carrera de Isadora declinó hacia el final de su vida, lo que le ocasionó problemas económicos y la llevó a protagonizar escándalos sentimentales, y a presentarse alcoholizada en público. 

Vivió sus últimos años, alejada de su arte, endeudada, viviendo en hoteles entre París y la costa mediterránea. Sus amigos la convencieron para que escribiese su autobiografía, entre ellos, su amigo, el escritor Sewell Stokes, quien la conoció en el declive. Posteriormente, Stokes escribiría un libro sobre Duncan “Isadora, un retrato íntimo”
La autobiografía de Isadora se publicó en 1927. 


La muerte de Isadora fue trágica y esto contribuyó a crear el mito de la bailarina, pues no pudieron aclararse completamente los sucesos que la rodean. Murió en un accidente automovilístico en Niza, el 14 de septiembre de 1927, ahorcada por su propia chalina, cuando se enredó en la rueda del automóvil deportivo de un guapo mecánico italiano Benoit Falchetto. Su cuerpo fue cremado y sus cenizas fueron colocadas en el columbario del Cementerio de Père-Lachaise (París, Francia).

Curiosidades:

En el Panteón Nacional de San Fernando (o de los Hombres Ilustres), de México se encuentra una lápida con su nombre. En 1928, por decreto del presidente Porfirio Díaz (gran admirador suyo), se abrió un nicho especial en honor a la bailarina Isadora Duncan, en reconocimiento a sus aportaciones a la danza moderna mexicana.

Para saber más:
  • Mi vida (Isadora Duncan ; traducción de Luis Calvo)
  • Isadora Duncan : la bailarina del mar (Patricia Alonso de Agustín, Antonia Santolaya)
  • Isadora Duncan (Vidas y Biografias)

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