jueves, 7 de abril de 2016

Telegrafista, la incorporación de la mujer en la Administración Pública

Las mujeres telegrafistas fueron las pioneras en la Administración, de hecho Correos fue la primera empresa pública en incorporar mujeres a su plantilla de personal. Muchas mujeres entraron a formar parte del cuerpo de telegrafistas Clara Campoamor, Consuelo Alvarez o María Lejárraga entre otras. Es justo pues que dediquemos una articulo a estas pioneras.

Correos fue la primera administración pública en admitir mujeres en su plantilla.

Durante el siglo XIX, en la mayoría de los países europeos la mujer se incorpora al mundo laboral de la Administración a través de los servicios telegráficos y postales. La mujer empezó a ejercer una profesión alejándose del rol tradicional de madre y esposa, y comenzó a surgir de forma embrionaria el principio de igualdad en este mercado de trabajo administrativo.

En 1870, un artículo de prensa especializada titulado De la participación de la mujer en el servicio telegráfico analiza el empleo femenino en Telégrafos y menciona que en países como Dinamarca, Noruega, Suecia o Suiza las mujeres fueron admitidas como agentes en todas las oficinas telegráficas ; en Italia, Hungría y Francia se las contrataba con ciertas restricciones ,mientras que en Alemania y Bélgica accedían a la profesión de telegrafista “siendo miembro de la familia del empleado y trabajando bajo la responsabilidad de aquel”. En los demás países europeos, en estas fechas, el servicio telegráfico estaba reservado a los hombres.
En España, con las reformas postales y telegráficas de 1879, se encargó a los telegrafistas la realización del servicio postal, en los pueblos donde hubiera oficina telegráfica, para disminuir los gastos de personal. Fueron un total de cuatrocientas oficinas unipersonales, en las que en 1880, los encargados de Telégrafos pudieron contratar como auxiliares a sus familiares femeninos, «  mujer, hija o hermana », con un jornal de 5 reales diarios. Para ser contratadas las mujeres tenían que saber leer y escribir, las reglas aritméticas básicas y manejar el aparato morse. 

La primera mujer en España contratada como telegrafista, el 20 enero 1881, fué Josefa Alvarez Portela, esposa del encargado de la oficina de Nava del Rey (Valladolid). La publicación especializada Revista de Telegrafos, de ese mismo año, señalaba el acontecimiento como una fecha memorable para la historia. 
Un año más tarde eran admitidas cuarenta mujeres con un sueldo anual de 625 pesetas, bastante menor que el de « Aspirante », última categoría de los telegrafistas que era de 1000 pesetas. Con la explotación e instalacion de las redes urbanas telefónicas que se acaba de aprobar en España se le abría a la mujer otra posibilidad de trabajo como operadora de centralitas telefónicas.
Estas iniciativas oficiales del acceso de la mujer al trabajo fueron apoyadas en el ámbito privado por la Asociación para la Enseñanza de la Mujer. Institución dedicada a la educación e instrucción femenina que estuvo dirigida por Fernando de Castro, una de las figuras más importantes de la Institución Libre de Enseñananza. Esta Asociación creó en 1883 la Escuela de Correos y Telégrafos para mujeres, centro preparatorio en el que después de dos años de estudio y de prácticas de morse las alumnas obtenían el título de Telegrafista. Estas jóvenes eran de clase media, querían emanciparse y sólo podían conseguirlo con la independencia económica que les proporcionaba un trabajo especializado como el que les ofrecía Telégrafos.
En 1884 la contratación se hizo extensiva a «  mujeres solteras y viudas de telegrafista » y además se reguló la categoría de auxiliar temporera de Telégrafos a la que se podían incorporar las mujeres para realizar trabajos de oficina y emisión y recepción de telegramas .
La contratación de personal femenino en Telégrafos se formalizó en el año 1909, cuando el Ministro de la Gobernación, Juan de la Cierva, presentó al Congreso de los Diputados la Ley de Bases para la reorganización de los Servicios de Correos y Telégrafos que recogía la incorporación de la mujer a las oficinas telegráficas unipersonales” por ser más barato el personal femenino” Aprobada la ley les otorgó a las mujeres telegrafistas la categoría de funcionarias.
Durante los meses de junio y julio de 1909 se convocaron, por primera vez, oposiciones a Telégrafos para auxiliares femeninas de segunda, con el fin de atender el recién creado el servicio telefónico internacional. Fueron un total de 20 plazas con un sueldo de 1250 pesetas anuales y 30 plazas para auxiliares femeninas de tercera que cobrarían 1000 pesetas. En la convocatoria se decía, explícitamente, que el 50 por ciento de las plazas disponibles se reservaría para viudas, mujeres y hermanas de funcionarios de Telégrafos. Las aspirantes a una plaza de auxiliar femenino de tercera debían ser españolas, tener cumplidos 16 años y no exceder de 40 y, además, presentar certificado médico y de buena conducta.
Consuelo Alvarez Pool y Clara Campoamor
Como curiosidad es de destacar que en estas convocatorias obtuvieron plaza de auxiliar femenina de segunda la sufragista Clara Campoamor que estuvo trabajando en Telégrafos durante cinco años y auxiliar femenina de tercera la escritora de la generación del 98, periodista, sindicalista y defensora de los derechos de la mujer, Consuelo Alvarez Pool que ejerció su carrera telegráfica durante cuarenta años. Estas mujeres pertenecieron a la primera generación de Telegrafistas y tienen además el valor de ser pioneras en España en el trabajo de la Administración.
En 1911 se vuelven a convocar oposiciones para auxiliares femeninos de segunda 60 plazas de telegrafista y 25 de telefonista. Después de esta oposición no se volvieron a celebrarse pruebas de acceso hasta 1936. Un gran número de las opositoras, unas 1000, que aprobaron lo hicieron sin plaza y estuvieron durante cerca de 10 años en expectativa de ingreso hasta que lo permitieran las dotaciones presupuestarias. En 1912 el total de ingresadas fueron 102.
Consuelo Alvarez Pool después de más de una década como profesional de la Telegrafía, escribió, en 1918, sobre como las mujeres telegrafistas encontraron resistencia por parte de sus compañeros, quienes consideraban sus logros laborales como una intromisión en la esfera administrativa. Se debía, según ella, a consideraciones de tipo económico, además un cierto temor a perder puntos en el ámbito público y no reconocer la igualdad de hombre y mujer.
Las revistas especializadas recogen lo injustas que habían sido las críticas dirigidas al personal femenino, cuando en las pruebas objetivas de los concursos de aptitud en el manejo de los aparatos telegráficos, morse, hughes y baudot, una mujer había conseguido transmitir en morse 614 palabras en treinta minutos, más que el quinto clasificado de los hombres en la misma especialidad. 
El Estatuto de funcionarios de 1918 reconocía el derecho de la mujer a trabajar en la Administración pública como Auxiliar, pero con discriminación salarial respecto del hombre. Nueve años antes ya habían ingresado mujeres en esta categoría en Telégrafos.

No obstante, las diferencias continuaron produciéndose entre hombres y mujeres. Durante la Segunda República seguía habiendo una diferencia salarial en las horas extraordinarias , mientras los hombres cobraban dos pesetas con cincuenta céntimos la hora, las telegrafistas percibían una peseta. 
En la posguerra hubo una regresión en las aspiraciones femeninas. A la diferencia de sueldo se añadió el cambio ideológico que se tenía de la mujer, quien debía permanecer en el hogar y ocuparse del marido y de los hijos. Si bien, pudó opositar al cuerpo Auxiliar Mixto en 1941, aunque la proporción de plazas reservadas para ellas no superaba el 30% de las convocadas.
Por fin, en 1963 se realizaron algunas reformas que permitieron el acceso a las escalas superiores de la administración telegráfica. De un total de 41 opositores aprobados para Cuerpo General Técnico de Telecomunicación, 5 fueron mujeres.
 
Durante los años setenta la mujer se incorpora a las tareas de reparto en Telégrafos. Llamaba la atención ver mujeres conduciendo una vespa para realizar un trabajo que llevaba implícito la urgencia, como fue el caso de Maria Isabel de Jerez que fue portada de una revista especializada, para demostrar como la mujer se iba integrando poco a poco en este servicio. La situación administrativa se regularizó en el año 1982 con la primera oposición para la escala de repartidores.
La llegada de la democracia iba a suponer una notable incorporación femenina al mercado de trabajo.

(Fuente: Asociación de Amigos del Telegrafo de España)



Para saber más:

Las mujeres en Correos

Telegrafistes, pioneres i dones ( Col·legi d'Ingeniers Tècnics de Comunicacions)

Consuelo Alvarez Pool y la primera generación de telegrafistas

martes, 29 de marzo de 2016

Gunta Stölzl, la única profesora de la Bauhaus

Que el estudio de la Bauhaus resulta imprescindible para comprender el arte (y mucho más que el arte) de nuestro tiempo, es indudable. Por eso ha sido tratada con tanta frecuencia y detalle.
En muchos de estos trabajos se destaca uno de los valores fundamentales de la escuela: su carácter progresista y avanzado tanto desde el punto de vista formal como, sobre todo, ideológico.


Sin embargo, hasta fechas recientes no se ha investigado un aspecto tan trascendental en la vida de la Bauhaus como es el del papel de las mujeres. El libro de Ulrike Müller Mujeres de la Bauhaus y, más parcialmente, la exposición del Barbican titulada Art as Life, se han encargado de comenzar a ocuparse del asunto y a recuperar las figuras de unas creadoras realmente extraordinarias: Eileen Gray, Anni Albers, Gunta Stölzl, Marianne Brandt, Margaret Dambeck Ernst Göhl, Margaret Leischner, Ljuba Monastirsky, Gertrude Dirks, Lisbeth Oestreicher, Otti Berger, Lilly Reich, Benita Otte, Marguerite Friedlaender-Wildehain, Ilse Fehling, Alma Siedhoff-Buscher...


En su origen, la Bauhaus se planteó como una escuela en la que, entre otras cosas, se evitaría la marginación hacia las alumnas (eran muchos los centros de enseñanza artística de la época que prohibían el acceso de las mujeres y otros muchos imponían unas tasas de matrícula superiores a las de los alumnos). Walter Gropius, en su condición de fundador y primer director de la Bauhaus, escribió que en la escuela "no habría diferencias entre el bello sexo, y el sexo fuerte".
Alumnas del taller de tejido

Lo que no esperaban los rectores de la Bauhaus es que al abrirse la matrícula, fueran más las alumnas que los alumnos matriculados. Ante tal situación, adoptan una postura que evidencia un machismo alejado de las intenciones iniciales: reservan los talleres de pintura, escultura y, posteriormente, arquitectura, para los hombres. Las mujeres fueron derivadas hacia otros talleres que se consideran más "apropiados" para ellas: muebles, juguetes y, sobre todo, tejidos. El propio Gropius justificó esta actitud afirmando que las mujeres estaban más preparadas para el diseño en dos dimensiones, mientras que el diseño más complejo y espacial era más propio de los hombres.


Incluso hubo planteamientos más contrarios a la presencia activa de la mujer en la Bauhaus. Johannes Itten, uno de los maestros de taller considerados habitualmente como más radicales y modernos en sus planteamientos formales e ideológicos, se negó a tener alumnas por no considerarlas suficientemente capacitadas para seguir sus enseñanzas.

Así las cosas, la presencia de la mujer en la Bauhaus quedó reducida a ciertos talleres, a su presencia en las famosas fiestas de la escuela y, lo que es peor, a adoptar un papel secundario frente a los hombres. Sólo una mujer llegó a ser maestra en la Bauhaus, Gunta Stölzl, mientras que muchas de las creaciones que hoy sabemos que fueron realizadas por mujeres, se han atribuido tradicionalmente a sus profesores o compañeros hombres.

Gunta Stölzl




 
Adalgunde Stölzl, nació en Munich el 5 de marzo de 1897. Su padre dió a todos los hermanos una formación liberal, en consonancia con la pedagogía reformista del momento. Gunta estudió en uan escuela par señoritas de buena familia. En 1913 aprueba el examen para la universidad e ingresa en la EScuela de Artes y Oficios de Munich con la especialización de tejidos. Ingresa a la Bauhaus en 1919 tras leer el “Manifiesto de la Bauhaus” escrito por Walter Gropius. A diferencia de la mayoría de los estudiantes que se quedaban en la escuela solo tres meses, Gunta Stölzl permaneció 12 años, seis de ellos como estudiante. Se convirtió en una figura indispensable en muchos aspectos, por lo que el Consejo de Maestros le otorgo en 1925 un cargo después de seis años de su llegada a la Bauhaus, como Directora de Taller, previa elección democrática.


Los maestros en el tejado del edificio de la Bauhaus, de izquierda a derecha: Josef Albers, Hinnerk Scheper, Georg Muche, László Moholy-Nagy, Herbert Bayer, Joost Schmidt, Walter Gropius, Marcel Breuer, Wassily Kandinsky, Paul Klee, Lyonel Feininger, Gunta Stölzl y Oskar Schlemmer.

Gunta era una mujer exitosa, y se destacaba por su creatividad, tenacidad y capacidad de organización. Aun así, no contaba con la protección de ningún maestro.
En el semestre de 1926-1927 algunos grupos de estudiantes la aclamaron como líder, demostrando que las mujeres podían ser útiles en la Bauhaus.
En 1927 asume oficialmente la dirección de la sección de tejidos sin experiencia docente. Gunta contaba con la ayuda de Kart Wanke potenciando únicamente la vertiente práctica. 





Dado que la Bauhaus de Dessau anteponía la arquitectura a las demás disciplinas, el taller de tejidos tuvo que adaptarse al estilo constructivo contemporáneo y fundirse de forma discreta con el espacio. Es por esto que en este periodo escasearon las piezas artesanales.



Tapiz diseñado por Gunta Stölzl
Stölzl se convirtió en un símbolo que hacia pensar a las mujeres de la escuela que era posible progresar, para evitar el desánimo.
En 1929 se caso con el arquitecto Arieh Sharon, otro miembro de la Bauhaus, perdiendo su nacionalidad Alemana y volviéndose Palestina. 

En 1931 perdió su puesto tras que un grupo de estudiantes insatisfechos y apoyados por maestros simpatizantes de derecha comenzaran una campaña en su contra, lo que culmino con su despido y su abandono de la escuela.


Sus contactos en la Bauhaus no le sirvieron para encontrar un nuevo trabajo. Emigra a Suiza. En Zurich junto con Gertrud Preiswerk y Heinrich-Otto Hürlimann abre un pequeño taller de tejidos artesanales llamado S-P-H-Stoffe. Por la difícil situación de Europa, abandona su taller por razones económicas. Lo reabre con el nombre de S+H Stoffe.



En 1937 cuando termina  su colaboración de socios, se traslada a Florastrasse de Zurich. Se le concede el Diplôme Commémoratif en la Exposición Mundial de París. Se unió a la Gesellschaft Schweizer Malerinnen, Bildhauerinnen und Kunstgewerberinnen (sociedad de pinturas, esculturas y tejedoras suizas) y también a la Werkbund suiza.Trabaja hasta 1967 en Flora. Muere en Zurich el 22 de Abril de 1983.


 
Fuente: www.artecreha.com y Bauhaus 1919-1933. Magdalena Droste

Para saber más:

jueves, 17 de marzo de 2016

Descobrim-nos! Como reivindicar el trabajo de las mujeres



Para conmemorar el día 8 de marzo este año la Comissió del 8 de març Almenar preparamos una actividad fantástica a través de la cual pretendíamos visibilizar el trabajo de las mujeres al largo de la historia. Aunque las mujeres han trabajado durante toda la humanidad, la división del trabajo por sexos fue muy marcada hasta el siglo XX, con la primera Guerra Mundial y especialmente con la Segunda, las mujeres se incorporar a la industria y a los demás sectores  que tradicionalmente habían sido reductos masculinos. También empezan a conquistar ámbitos científicos y espacios públicos. 




Así pues, reivimdicamos figuras de diversos ámbitos, política, movimientos sociales, científicos, pedagogía, arte y literatura: Rosa Sensat, Clara Campoamor, Josefina Castellví o Maria Mercè Marçal son algunas de las figuras que recuperamos, por ser pioneras en sus respectivos campos y al mismo tiempo comprometidas con la lucha de los derechos de las mujeres. Pretendemos visibilizar también una genealogía que nos ha sido negada, y que desconocemos.






Queremos poner de manifiesto el desconocimiento de una genealogía femenina a través de un juego con el público tipo ¿quién es quién? en que cual a partir de unas fotografías que se repartieron al azar los asistentes al acto tenia que “ubicar” en un ámbito concreto estas figuras femeninas. Cuando estuvieron todas las fotos colocadas, se pasó a dar las soluciones, para descubrir que se habían acertado aproxidamente un 15% de las mujeres.

Para finalizar preparamos un photocall para rendir homenaje a Rosie the riveter y a todas las mujeres trabajadoras. Os dejo con algunas fotos: