lunes, 26 de enero de 2015

Neus Català i Montserrat Roig: "Els catalans als camps nazis" (1977)

El 27 de enero es el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Este año quiero dedicar este artículo a unas mujeres increíbles, y a las que ya he reivindicado en varias ocasiones: Neus Català y Montserrat Roig. Precisamente este año Neus Català va a cumplir 100 años, razón de más para homenajear a esta superviviente del holocausto, que con su testimonio ha llenado un vacío en la historia de este país…. 
 
Pero también pretendo rendir homenaje a Montserrat Roig, que en 1977 y tras un largo proceso de documentación publicó un libro en el que daba voz a todos los hombres y mujeres anónimos que murieron en los campos nazis y que el gobierno de la época no reclamó. Además de recuperación de la memoria histórica, creo que este libro es fundamental para visibilizar a la mujer en este momento histórico. Neus Català explica en una entrevista que hasta que Montserrat Roig no fue a encontrarla y recuperar su testimonio nadie se había preocupado por las mujeres en los campos de concentración, y que incluso los mismos prisioneros negaban la existencia de campos de concentración exclusivos de mujeres, o incluso mujeres presas. Nada más lejos de la realidad, existieron, y fueron realmente devastadores, se calcula que en Ravensbrück, morían aproximadamente ¡1000 mujeres al día! Por eso es muy importante el hecho que Montserrat Roig diera voz a estas víctimas femeninas, que Neus define, muy acertadamente, como “las olvidadas entre los olvidados”.
Así que hoy recuperamos la a Neus Català y al libro de Montserrat Roig “Els catalans al camps nazis”:
 
Neus Català Pallejà
Nacida el 7 de octubre de 1915 en Los Guiamets (Tarragona), dentro de una familia de agricultores anticlericales y republicanos, desde muy joven estuvo involucrada en política, y al producirse el golpe de estado que desembocaría en la guerra civil, se convirtió en Delegada Comarcal de las JSUC. Se alistó para ir a combatir, pero un Decreto de finales de 1936 relegaba a las mujeres a la retaguardia. Cansada de hacer calcetines y jerséis de lana para los soldados, decidió colaborar activamente en la lucha contra el fascismo dentro de sus posibilidades y se trasladó a Barcelona, donde cursaría estudios de enfermería.

Mientras estudiaba, alternaba su actividad estudiantil con prácticas en una residencia de ancianos, y con tareas de propaganda política. Al final de la Guerra Civil, el 8 de febrero de 1938, cruzó la frontera con Francia con 180 niños de la colonia Les Acàcies de Premià de Dalt. Los franceses, no todos pero en gran parte, los recibieron con total desgana, y la mayoría de refugiados fueron recluidos en campos de que no eran más que zonas valladas, sin servicios asistenciales ni sanitarios (Argelès-sur-Mer, Le Barcarès, Saint Cyprien, Agde, Colliure, Gurs o Septfonds). Esta situación se mantuvo hasta que las tropas alemanas invadieron Francia.

Neus continuó su lucha en el exilio y se unió a la resistencia francesa (Le Maquis), y como la mayoría de mujeres, en un primer momento se le encomendaron tareas de enlace. Junto con su marido, Albert Roger, participó en las actividades de la resistencia francesa. En el momento de su detención, sin embargo, ya era el enlace interregional, con seis regiones a su cargo. Su casa era un lugar clave donde se escondían guerrilleros españoles y franceses y antiguos combatientes de las brigadas internacionales. Centralizaba la transmisión de los mensajes, documentación y armas, hasta que fueron denunciados a los nazis el 11 de noviembre de 1943 por un farmacéutico de Sarlat.

Neus y su marido fueron detenidos junto con tres guerrilleros más y dirigidos a una prisión de Limoges. Allí vio por última vez a su marido, que fue deportado y murió en el campo de Bergen-Belsen. Y allí también comenzó el principio de su calvario, que terminó en el campo de concentración. Pasó meses detenida entre varias cárceles francesas (Dordogne, Limoges y Compiège) donde fue interrogada y torturada. Pero su espíritu de lucha no se doblegaba, y durante estos meses organizaron la fuga de una veintena de mujeres de la resistencia. Más tarde la trasladaron al campo de Ravensbrück, en un vagón de tren para animales, en unas condiciones infames, donde llegó el 3 de febrero de 1944, junto con miles de mujeres más (conocido como el convoy de las 27.000).
 
Neus en el campo de concentración

El recuerdo de aquel viaje quedó marcado para siempre en su memoria y en el de sus compañeras: "miles de mujeres, cuatro días de viaje sin parar, sin higiene, sin aire para respirar, sin saber que sería de nosotros. No teníamos lugar para sentarnos, estábamos de pie, éramos noventa mujeres en cada vagón y un cubo de basura en medio para hacer nuestras necesidades, que con el movimiento se vuelca constantemente, olía muy mal... muchas de las mujeres ya no bajaron de los trenes...". Al final del trayecto, comenzó el ritual del terror que todas las supervivientes recuerdan, las duchas de desinfección, inspecciones por todos los rincones del cuerpo, cabello rapado al cero, un traje de rayas y un número. Neus Català tenía el 27.532.

Los primeros días en el campo, Neus recuerda que quería morir, y no comía, pero cambió de parecer, y decidió luchar para salir viva de aquel campo y contar al mundo lo que ella y sus compañeras habían vivido. De los años de cautiverio recuerda la solidaridad de unas con otras, de las francesas con las rusas, de las judías con las católicas… a las mujeres mayores (de cuarenta a cincuenta años) las llamaban madre, a las más jóvenes, hermanas, para sentirse todas queridas, para sentirse todas unidas. En muchas ocasiones demostraron su solidaridad, protegiéndose unas a otras. Y entre tanta desgracia, también compartían buenos momentos: Neus, a quien siempre le había gustado el teatro, entretenía sus compañeras para que no perdiesen la esperanza... recuerda que le dieron unos zapatos del número 43, ¡a ella que calzaba un 36! y que hacía imitaciones de Charlot para hacer reír a sus compañeras: "Teníamos que ejercitar la mente para no volvernos unas bestias y, al mismo tiempo, mantener la solidaridad para no perder la dignidad".
Una noche de repente un grupo de Aufseherinen entró en el barracón con sus perros. Llamaron un grupo de mujeres, siempre por sus números, entre las que estaba Neus Català; se despidieron de las compañeras apresuradamente y con tristeza, pensando que aquello se había acabado, y que las enviaban a la cámara de gas. Pero no fue así: las subieron a un tren dirección Holleischen (Checoslovaquia), un pequeño campo de trabajo que dependía del campo de Flossenburg, donde Neus y sus compañeras tuvieron que trabajar en la industria armamentística nazi.

Día y noche se fabricaban armas, obuses y balas sin cesar: "mientras eras productiva te perdonaban la vida". A los presos que trabajaban en estas industrias se les daba un pequeño salario. El grupo donde estaba Neus se negaba a cobrar, porque no querían trabajar para el enemigo y beneficiarse de la muerte de sus compatriotas. Los responsables del campo estaban muy contentos por esta decisión, aunque lo que no sabían era que Neus y sus compañeras se dedicaban a sabotear en todo lo posible esa industria: mezclando todo tipo de cosas con la pólvora para que no explotara -desde moscas o pajitas a escupitajos-, llevándose herramientas del taller y echándolas a las letrinas cuando iban al baño, estropeando las maquinas adrede... las apodaron el "comando de las gandulas", ya que en nueve meses su comando redujo la producción de 10.000 piezas mensuales a la mitad.

El día de la liberación, fueron encerradas en un barracón y el campo fue minado para hacerlo explotar a las doce en punto; las puertas fueron bloqueadas con barras de hierro, y las prisioneras vieron huir a las SS... afortunadamente, las tropas del Ejército Rojo llegaron a tiempo para desactivar las bombas.

Dos años después de su liberación, conoció al que sería su segundo marido, con el que tuvo dos hijos. Años después, Neus tuvo el coraje de ir a encontrar a sus compañeras del campo y entrevistarlas, dejando testimonio para la humanidad de lo que había sucedido realmente en los campos: "Éramos las olvidadas entre los olvidados". Así consiguió publicar "De la resistencia al deportación. Cincuenta testimonios de mujeres españolas", un ejercicio para dar voz a todas aquellas mujeres que se habían comprometido con su país y con sus ideales, y que habían sido silenciadas. El libro se publicó casi cuarenta años más tarde, ya que la herida todavía estaba muy abierta por entonces.



En 1962, a raíz de un peregrinaje al campo de Ravensbrück para conmemorar el 60 aniversario de su liberación, se constituyó el Amical de Ravensbrück, con el objetivo de continuar con la gran labor que había comenzado Neus Català y mantener el recuerdo vivo de las 92.000 mujeres que allí fueron asesinadas.
 
Neus Català
En una entrevista del año 2012 Neus Català recuerda vivamente que la escritora Montserrat Roig la fue a ver a Paris cuando preparaba el libro "Els catalans als camps nazis" (1977). Y es que hasta que esta joven y progresista escritora no investigó al respecto, nadie había hablado, y menos escrito sobre la existencia de campos de concentración en los que estaban recluidas las mujeres. Neus Català explica: "los propios deportados decían que no había habido mujeres deportadas, pero en realidad identificamos cientos de ellas; las mujeres fuimos doblemente olvidadas, como españolas y como mujeres”... a raíz de esta entrevista se inicia una relación de amistad que debía durar muchos años.
 
Montserrat Roig
Este es, sin duda, el libro más impactante de Montserrat Roig. Además de ofrecer una muestra excelente de las dotes periodísticas de la autora, constituye un documento pionero y de primer orden para conocer la experiencia de los republicanos en los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La obra, publicada en 1977, recoge todos los testimonios a los que Roig pudo acceder y los ordena en un texto escrito a favor de la memoria histórica y que aspira a un objetivo preciso: empezar a romper el silencio impuesto por el franquismo a quienes, tras la derrota de 1939, tuvieron que sufrir el infierno de la deportación.

Montserrat Roig presenta Els catalans als camps nazis como la coordinación de los diversos testimonios de los ciudadanos de los Países Catalanes que fueron deportados a campos de concentración entre 1939 y 1945. Impulsado por el historiador Josep Benet y redactado por la autora entre 1973 y 1976, el volumen quiere dar voz a todos aquellos que, por motivos políticos y históricos, se quedaron sin la posibilidad de ver aunque fuera tan solo un reconocimiento de su sufrimiento y la oportunidad de compartir una experiencia ya de por si inenarrable. El compromiso político, social y cultural que caracteriza a Roig como escritora deriva, aquí, en la elaboración de un texto sin duda documentado y que procura contrastar los datos, pero que en ningún momento persigue una supuesta objetividad histórica. Al contrario. Se trata de un texto lleno de pasión y que no esconde el posicionamiento ideológico, personal, de quien lo escribe: una Roig plenamente identificada con el dolor de los supervivientes y profundamente sublevada contra el nazismo y la posterior injusticia de las denominadas democracias europeas.
 
Montserrat Roig con Jacint Carrió, en una foto de 1977
Els catalans als camps nazis se estructura en tres partes que siguen el orden cronológico de los hechos, desde el final de la guerra civil en 1939 y el paso a Francia de los republicanos hasta la liberación de los campos por parte de las tropas aliadas y las dificultades y el desengaño que vinieron después; pasando, naturalmente, por el relato del día a día de los deportados (a Mauthausen sobre todo, su nefasto destino principal). Cierra la obra un apéndice que incluye las listas de los muertos catalanes, de los muertos procedentes de otros territorios del estado español y de aquellos que, a pesar de no tener la nacionalidad correspondiente, se habían establecido en Catalunya. Un anexo, este, utilísimo y aterrador, que también incorpora otras listas de deportados (como las de los que fueron trasladados de Mauthausen a otros campos, por ejemplo).
La parte central, dedicada a la vivencia directa del terror nazi, resulta estremecedora e imprescindible para cualquier persona interesada en el pasado y la historia reciente de Europa. También son, sin embargo, estremecedores e imprescindibles el relato del éxodo y el del final de la experiencia de los republicanos a los campos. En el primer caso, por el que va sumarse a la dureza de la derrota de 1939. En el segundo, porque tras vivir la pesadilla concentracionaria, los supervivientes tuvieron que experimentar no solo que Franco continuaba en el poder, sino que el trauma de su experiencia a menudo generaba, por todas partes, incredulidad, reticencia, escepticismo, incomprensión... y acababa perdiéndose, muchas veces, en el olvido. Excepto, claro está, para ellos, como en el caso de todos aquellos que no se la podrían sacar nunca jamás ni de la cabeza ni del cuerpo. 

Ya lo escribe Montserrat Roig al final del libro: “Mientras que de la guerra civil nos han llegado noticias, falseadas o no, a las nuevas generaciones, sobre los campos de exterminio nazis se cernía un silencio total. Parecía que no hubieran existido nunca republicanos que fueran víctimas del nazifascismo alemán. Hasta 1968 no hay ninguna nota oficial sobre los muertos españoles en los campos nazis. Si algún deportado pregunta sobre su situación a los organismos oficiales, estos le contestan que todo está en estudio. Hasta 1974 el gobierno español no envió ningún certificado de muerte al campo de Mauthausen”. He aquí, pues, el sentido de esta obra horrorosa y simultáneamente tan necesaria, que abrió camino en la recuperación de una parte terrible de nuestra historia y que, aun así, se cierra con un mensaje optimista: No debemos renunciar al ideal de un mundo libre y justo. Los deportados, pese a lo que habían vivido, no dejaron de creer nunca que este mundo era posible. Y esta es, según la autora, su gran lección para las generaciones posteriores. No podemos estar más de acuerdo.


Para saber más:

Català, Neus: De la resistencia y la deportación. 50 testimonios de mujeres españolas. Ed. Península. Isbn: 84-8307-283-1. Año: 2000. 414 pág. . Español.

Mercedes Núñez Targa. Destinada al crematorio. De Argelès a Ravensbrück: las vivencias de una resistente republicana española. Ed. Renacimiento. Colección: Biblioteca de la Memoria ( Serie Menor ), nº 8. Traducción: Pablo Iglesias Núñez y Ana Bonet Solé. Prólogo: Xesús Alonso Montero. Isbn: 978-84-8472-660-9. Año: 2011. 215 pág. Español.


1 comentario:

Eva Macià dijo...

Unes grans dones que vaig tenir el plaer de "conèixer" a la teva xerrada! una entrada molt interessant per a commemorar el dia d'avui. Un petó!

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