A punto de empezar la Segunda Guerra Mundial, dos mujeres se embarcan en un largo viaje des de Suiza hasta Afganistan. El camino cruel relata este viaje narrado por una de las protagonistas.
Ella Maillart aventurera y
deportista, junto con Annemarie Schwarzenbach filósofa y arqueóloga, son las protagonistas de esta aventura. Todo empezó en Zúrich en 1939, un largo viaje que paso por la cordillera Póntica,
Bala Murghab, Turquestán y por fin a Kabul.
Maillart escribió: “Mis verdaderos propósitos, a fin de cuentas,
eran adquirir el dominio de mí misma y salvar de sí misma a mi
compañera”. Annemarie Schwarzenbach era adicta a la morfina, para dejar su adicción había pasado por numerosas clínicas de desintoxicación. Pocos años después se publicó el libro que Maillart dedicó a Schwarzenbach, que había muerto a causa de un accidente.
El camino cruel es un libro especial, emocionante, imposible de
vivir ahora: resulta impensable ese viaje de dos mujeres solas por
Turquía, Persia y Afganistán, fotografiando, describiendo etapas del
camino, durmiendo a la intemperie, relacionándose con sus habitantes. Era junio de 1939, los albores de la Segunda Guerra Mundial.
El camino cruel dice de lugares, de historias, tradiciones y de
otros viajeros, como Alejandro Magno. Está la arquitectura y las
comidas y la relación de amistad entre ellas y entre aquellos que se
cruzaron en su camino, cónsules, comerciantes, funcionarios, nómadas…
Fuente: Las que saben vivir bien (El Pais. Cultural)
martes, 27 de septiembre de 2016
Ella Maillart: El camino cruel
Apoyo la implementación de la perspectiva de género en los diferentes ámbitos de la vida, profesionales y especialmente en la comunicación.
Si el lenguaje es capaz de crear realidades, hay que saber comunicarlo.
martes, 20 de septiembre de 2016
Daeida Wilcox, la madre de Hollywood
Fue una pionera y su sueño se convirtió en lo que hoy conocemos como
la meca del cine, Daeida Wilcox fue la madre de Hollywood.
Daeida Wilcox
Había nacido en Ohio, en el seno de una familia de agricultores.
Asistió a la escuela privada en Hicksville y posteriormente en Canton. Se casó con el
prohibicionista Harvey Henderson Wilcox, y el matrimonio se mudó a Kansas. En 1886
compraron una finca de 200 acres al sur de California y se trasladaron a vivir ahí. La finca
a las afueras de Los Ángeles estaba situada al pie de las colinas de Hollywood.
Mapa promocional de la zona residencial Hollywood
En 1887, empezó a diseñar una nueva urbanización en su rancho, con un mapa de
fraccionamiento de tituló “Hollywook, California”, y así lo inscribió en la oficina del Registrador
del Condado de Los Ángeles. Su sueño era construir una gran urbanización según sus propios
principios, cristiana, abstemia y amante del arte. Con esta finalidad subdividió la propiedad en
lotes, plantó jardines, macizos de flores y pimienta de California. También creó calles nuevas
y les puso nombre inspiradores como Sunset Boulevard, para atraer a los compradores.
En una de las calles de Hollywood se creó la primera acera, concretamente en
Prospect Street, donde Daeida residía. Actualmente se conoce como Hollywood
Boulevard, donde se ubica el actual Paseo de la Fama. La urbanización fue creciendo,
llenándose de lujosas mansiones de veraneo en las que familias adineradas pasaban
largas temporadas. En 1891 Harvey Wilcox murió. En 1894, se casó con Philo J. Beveridge
, un empresario y ciudadano prominente de Hollywood e hijo de un gobernador de Illinois,
que compartía su visión de la comunidad. Con Beveridges tuvo cuatro hijos.
Con su segundo marido, Daeida mantiene su liderazgo en los esfuerzos de desarrollo y
jugó un papel decisivo en el establecimiento de la mayor parte de la infraestructura civil
de Hollywood. Promovió la creación del ayuntamiento y otros servicios sociales como
biblioteca, estación de policía, escuela primaria, club de tenis, oficina de correos, parque
de la ciudad, y uno de los dos centros comerciales de la ciudad.
Residencia de Paul Longpré |
Daeida construyó el Banco Nacional de Hollywood, como tenía unas profundas convicciones
religiosas, donó tierras para tres iglesias. También donó tres lotes de su propia residencia
en Cahuenga Boulevard al pintor Paul de Longpré, una finca que incluía extensos jardines
de flores y una mansión estilo renacimiento con la misión de convertirla en una galería de
arte público. Se convirtió en una de las atracciones turísticas más populares.
A principios del siglo XX llegaron los primeros actores a veranear a Hollywood, en un
principio mal vistos por los demás vecinos, ya que los actores eran considerados de la
clase social más baja. Pero resulto que Hollywood además de sitio de descanso, en esas
tierras los directores de cine encontraron un sitio ideal para sus necesidades, ya que
tenia desierto, montañas, costa, convirtiéndose así en un plató único para rodar películas,
el resto de la historia ya la conocéis…
Se la llegó a conocer como la "Madre de Hollywood". Daeida Wilcox Beveridge murió
el 7 de agosto de 1914, y fue incluida en el Salón de la Fama de Mujeres de Ohio en 1995.
Fuente: Los Angeles Curbed
Para saber más:
How One Ohio Native Became the "Mother of Hollywood"
Hollywood Tenacious Founder
Hickvil Historical Society Inc.: Daeida Hartel Wilcox Beveridge
Apoyo la implementación de la perspectiva de género en los diferentes ámbitos de la vida, profesionales y especialmente en la comunicación.
Si el lenguaje es capaz de crear realidades, hay que saber comunicarlo.
lunes, 5 de septiembre de 2016
Roser Ferran Gayet, La chica de la Pirelli
Hoy en día hablar de chica y Pirelli nos remite a los famosos calendarios que publica cada año la marca, pero en 1936 Roser Ferran se convirtió en la chica de la Pirelli, la mujer que dirigió la empresa italiana durante la Guerra Civil. Nació en Barcelona en 1915.
Roser Ferran Gayet |
Creció en la Italia de Mussolini, llevó las riendas de una industria de guerra en la Barcelona de los bombardeos, vivió como refugiada en la Francia de la Segunda Guerra Mundial y vio pasar el franquismo desde un balcón en la plaza de Oriente de Madrid. Es una de las últimas personas vivas que tuvo un cargo de responsabilidad en la República. Con 21 años tenía a sus órdenes a los tres mil trabajadores de las cinco fábricas catalanas de Pirelli. Y la Vanguardia tuvo “la culpa”. Una noticia que daba falsamente por zanjada una huelga la convirtió en esquirol involuntaria y, clic, puso en marcha el engranaje de su destino.
Trabajaba
desde 1934 como secretaria en la sede de Industrias Pirelli en España –en la
ronda Universitat de Barcelona– a las órdenes del secretario general, Giuseppe
Luraghi. En verano de 1936 se declaró
una huelga en su sector, una más en ese año convulso. Como iba para largo, se
fue a la casa familiar a Sant Pau de Segúries, en el Ripollès. Nueve
días después, el domingo 28 de junio, La Vanguardia trajo la noticia al pueblo:
“Huelga resuelta. La dependencia mercantil se reintegró normalmente al
trabajo”.
Al día
siguiente subió al primer tren a Barcelona. Llegó justa, sufriendo por llegar
tarde al trabajo. “Corrí por la calle, subí las escaleras de dos en dos y entré
en la oficina a las nueve y dos minutos”.
Sólo
entonces levantó la cabeza y vio a los
jefes italianos allí plantados, mirándola radiantes. “Brava,Ferran! Lei
è venuta!”, gritaron con alborozo. Roser –no osó decir que La
Vanguardia a veces se equivoca– había roto la huelga. Llamaron a
los interventores y al final del día los trabajadores estaban en sus
puestos. Tres semanas después llegó el alzamiento militar.
La guerra estalló y la Pirelli fue colectivizada. Los italianos huyeron. A finales de verano, dos milicianos de la CNT, Trigo y Guerrero, armados con sus máuseres, esperaban a la secretaria Roser en el despacho que fue de Luraghi:“Siéntese. ¿Quiere que le leamos lo que acabamos de encontrar?”.
La guerra estalló y la Pirelli fue colectivizada. Los italianos huyeron. A finales de verano, dos milicianos de la CNT, Trigo y Guerrero, armados con sus máuseres, esperaban a la secretaria Roser en el despacho que fue de Luraghi:“Siéntese. ¿Quiere que le leamos lo que acabamos de encontrar?”.
Era una
carta que los jefes italianos habían enviado a la central de Milán pidiendo una
compensación para la secretaria que había tumbado solita la huelga. “Me quedé
blanca”, dice Roser. “Imagínese qué pasaría si los comunistas lo
supieran... –prosiguieron los anarquistas–. Pero no se preocupe: hay un
arreglo”.
La nombraron secretaria general de Industrias Pirelli.Los milicianos necesitaban a alguien que supiese redactar, llevar las cuentas y coordinar las fábricas. Así fue como Roser, hija única bajo el ala asfixiante de su padre, que había leído los clásicos griegos y latinos, las obras completas de Balzac, a Dostoyevsky, Tolstoi y Zweig, y que incluso había aprendido el esperanto, acabó al frente de una industria de guerra.
La nombraron secretaria general de Industrias Pirelli.Los milicianos necesitaban a alguien que supiese redactar, llevar las cuentas y coordinar las fábricas. Así fue como Roser, hija única bajo el ala asfixiante de su padre, que había leído los clásicos griegos y latinos, las obras completas de Balzac, a Dostoyevsky, Tolstoi y Zweig, y que incluso había aprendido el esperanto, acabó al frente de una industria de guerra.
Durante la
contienda, su firma era una de las tres necesarias para mover fondos en la
Pirelli, que fabricaba los neumáticos de los camiones que iban al frente y
cables de uso militar. Una exmussoliniana convertida por enredos del azar en
capitoste anarquista.
El 26 de
enero de 1939 las tropas nacionales entraban en Barcelona y Roser escapaba esa
mismo mañana a Francia en un coche con chófer de la Pirelli. Hizo bien: los
falangistas fueron a buscarla al domicilio familiar de la calle València al
menos dos veces. Años más tarde, en otro quiebro irónico del destino, Roser se
casaría con un impulsor de la Falange en Barcelona, Julián Ruiz Aranda.
Campo de concentración de Argelès-sur-mer |
En Francia
pasó nueve meses en el campo de concentración de la playa de Argelès. Con frío,
aburrida del paisaje formado por la alambrada, el mar gris y los barracones,
durmiendo sobre la arena hasta que pudo confeccionar un colchón con
hojarasca. Al menos estaba con sus padres, que habían ido a
Francia para unirse con ella. “Aunque no guardo un mal recuerdo, tal vez porque
era joven”.
Cuando por
fin salieron de Argelès los Ferran fueron a Toulouse, donde una asociación
católica de asistencia a los refugiados les consiguió un piso. Roser hacía de
intérprete para los exiliados y trabajaba en una organización cuáquera de
Filadelfia que distribuía ropa, comida y dinero. Fue una época feliz, se sentía
colmada por poder ayudar y ser útil. Feliz a pesar de que la vida en la Francia
de la guerra, primero bajo el régimen de Vichy y luego bajo ocupación nazi, era
dura.
El regreso a
la España franquista, en mayo de 1943, fue desgarrador. En la frontera
detuvieron a su padre, pensando que el rojo era él y no la hija. Sólo pasó un
mes en prisión, el tiempo que tardó Roser en lograr un abogado, pero fue demasiado.
“Cuando salió ya no era el mismo. Lo que vivió en prisión le trastornó. Decía
que le espiaban, que intentaban envenenarlo. Dejó de comer, creía que se volvería
transparente”. Lo llevaron a los mejores psiquiatras, lo medicaron, le dieron
electroshocks. Fue inútil. Murió ese mismo año, oficialmente de “anorexia”.
Después de
la guerra, La Vanguardia volvió a cambiar su camino. Por un anuncio en el
diario, encontró trabajo como secretaria de un empresario aragonés que hizo
fortuna en el París ocupado (y la perdió con la liberación), Julián Ruiz
Aranda, viudo con dos hijos, 22 años mayor. “Hice una lista con los pros y
contras de casarme. Anoté diez inconvenientes y una sola ventaja: ser madre. Me
cogió una reacción animal. Nunca me he enamorado: por lo que veo, me he
ahorrado disgustos”. En 1951 se casaron, y tuvo dos hijos.
Roser vive desde 1957 frente al Palacio Real de Madrid, con un balcón sobre la plaza de Oriente, el canto del cisne franquista. Cuando había manifestaciones prorrégimen, la policía inspeccionaba el piso. A veces colocaban en su balcón altavoces que emitían aplausos enlatados para exagerar la magnitud de la masa. “Eran de la marca Philips”, recuerda. Roser, que en Italia vio los primeros brazos en alto, veía medio siglo después los últimos brazos en alto de Europa.
(Fuente: La Vanguardia)
Para saber más:
Gemma Saura Barrera y Plàcid Garcia-Planas: La noia de la Pirelli. Grup 62.
"Volia deixar de ser una simple secretaria" (Ara.cat)
La noia de la Pirelli (notícia TV3)
Apoyo la implementación de la perspectiva de género en los diferentes ámbitos de la vida, profesionales y especialmente en la comunicación.
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