miércoles, 12 de febrero de 2014

12 de febrer: Clara Campoamor i Frederica Montseny

Tal dia como hoy nacia una gran mujer Frederica Montseny Luque, la primera mujer ministra de la Europa Occidental. Fue líder anarquista, y ministra durante la II República. Se hizo cargo del Ministerio de Sanidad y Asistencia social, bajo su mandato introdujo mejoras para la salud de las mujeres y los niños: lugares donde acoger a niños, comedores sociales para embarazadas, listado de profesiones que podian ser ejercidas por personas con discapacidad, y la primera ley del aborto.
Frederica Montseny
Era hija de los anarquistas Juan Montseny (Federico Urales) y Teresa Mañé y Miravet (Soledad Gustavo), editores de La Revista Blanca. Su madre le transmitió principios racionalistas de libertad, fraternidad, solidaridad y altruismo, mientras su padre le ayudo a desarrollar una conciencia sindical y política, asistiendo a mítines, conferencias y manifestaciones.

Con dieciocho años ya defendía claramente el anarquismo, y a esta edad publicó su primer artículo en la revista Solidaridad Obrera. Colaboró frecuentemente con La Revista Blanca, La Novela Ideal y Voluntad. Durante la Dictadura de Primo de Rivera escribió tres novelas centradas en la emancipación femenina: La Victoria, El hijo de Clara y La indomable. Ya por entonces defendía la igualdad entre sexos dentro de una sociedad sin estado ni capital. Se desmarcaba de las feministas de su época, que solo pretendían un reconocimiento político de la mujer dentro de la sociedad capitalista.
Sus opciones políticas, arriesgadas siempre, en la clandestinidad o al descubierto, la llevaron a aceptar cargos de dirección, primero en la CNT, y posteriormente en la FAI y en el gobierno republicano, ya durante la guerra civil.

Con el inicio de la guerra desplegó una actividad muy intensa. Entre los meses de noviembre de 1936 y mayo de 1937, Frederica se hizo cargo del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social en el gobierno del socialista Francisco Largo Caballero. Su tarea en el gobierno se vio limitada por la corta duración de su mandato. Sin embargo, en pocos meses planeó lugares de acogida para la infancia, comedores para embarazadas, una lista de profesiones ejercidas por personas discapacitadas, y el primer proyecto de ley del aborto en España. Prácticamente ninguno de sus proyectos llegó a ejecutarse. Su proyecto de ley del aborto recibió la oposición de otros ministros del gobierno (el derecho al aborto no sería reconocido en España hasta cincuenta años después).
Frederica Montseny durante un mítin
En 1938, tras la caída del gobierno de Largo Caballero, presidió el Primer Comité de Enlace CNT-UGT y fue la responsable del Departamento de Sanidad de la Comisión de Batallones de Voluntarios. Montseny, que todavía estaba en Barcelona en enero de 1939, intentaba organizar la resistencia ya que era responsable de la Comisión Organizadora de Batallones de Voluntarios. A finales de enero de 1939 cruzó la frontera por Perpiñán y luego viajó hasta París, donde se incorporó al SERE (Servicio de Evacuación de los Refugiados Españoles); ante la petición de extradición de Franco huyó a la Dordoña, donde la policía la detuvo y estuvo encarcelada en Limoges y en Périgueux. El hecho de estar embarazada la salvó de ser devuelta por la Gestapo a España. Con la liberación de Francia, Frederica pudo reencontrarse con su marido Germinal y la familia se instaló en Toulouse.

Según el testimonio de su hija, Frederica renunció a su vida de madre y esposa para poder dedicarse por completo a su carrera política y a la lucha por la liberación de la mujer. En esta línea publicó varias obras: La mujer, problema del hombre y Cien días en la vida de una mujer. Desde 1945 fue directora del periódico CNT, y a partir de 1958 se encarga del órgano de propaganda de la CNT francesa.

En toda su vida en el exilio nunca dejó sus tareas de propaganda confederal, asistiendo a mítines en Francia, Canadá, Suecia y México. Su oratoria levantaba pasiones, y le hicieron merecer el nombre de la Indomable, la Torera o la Leona. Tampoco dejó de escribir: en 1964 publicó Heroínas, una mirada hacia el papel de las mujeres en la guerrilla; en 1974, Crónicas de la CNT, una selección de sus escritos de 1960-1961; y en 1987 aparecía la primera parte de sus memorias: Mis primeros cuarenta años.
Frederica Montseny en Barcelona, 1977
Con la restauración de la democracia, viajó a España, donde en 1977 participó en mítines de la CNT en Barcelona y en otros actos de propaganda libertaria por todo el estado, pero retornó a Toulouse, donde murió en 1993. Para algunos de sus biógrafos, fue la militante más impetuosa y exultante de la Segunda República española. Por su personalidad, sus ideas y su intensa dedicación política, se la conocía con el apodo de La Pasionaria Anarquista.

Para saber más:
Conferència Barcelona 
Obres de Frederica Montseny (Catal·leg de Lectura Pública)
Mujeres extraordinarias, mujeres comprometidas


Y un 12 de febrero también nacia Clara Campoamor Rodríguez, política española, defensora de los derechos de la mujer y principal impulsora del sufragio femenino en España, logrado en 1931, y ejercido por primera vez por las mujeres en las elecciones de 1933.
"Yo ruego a la Cámara que me escuche en silencio. No es con agresiones y no es con ironías como vais a vencer mi fortaleza. La única cosa que yo tengo aquí ante vosotros, señores diputados, que merezca la consideración y acaso la emulación, es precisamente defender un derecho a que me obliga mi naturaleza y mi fe, con tesón y con firmeza."

(Transcripción del discurso de Clara Campoamor)
Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer (Rumores); al verse en el trance de negar, como ha negado la capacidad inicial de la mujer (Continúan los rumores). Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos (Nuevos rumores).

Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Que cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres?(Rumores)

¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?

Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres (Varios diputados: "Sí". Otros señores diputados: "No"). ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis -fijaos bien- afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo (El Sr. Tapia: "Se manifiesta en las procesiones"). En las procesiones, Sr. Tapia, van muchos más hombres que mujeres.

No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, Victor Considerant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto -que en España existe- no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del principio -cosa dolorosa para un abogado-, como se puede venir a discutir el derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio. Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España.

Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien. Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho (Muy bien).

Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer.
A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.

Desconocer esto es negar la realidad evidente. Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer.
Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino.

No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención.
Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella.

Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate. Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defendería hasta la muerte; que pondría, como dije ayer, la cabeza y el corazón en el platillo de la balanza, de igual modo Breno colocó su espada, para que se inclinara en favor del voto de la mujer, y que además sigo pensando, y no por vanidad, sino por íntima convicción, que nadie como yo sirve en estos momentos a la República española. (Muy bien. Aplausos)
Mujeres votando masivamente en las elecciones de 1933

Para saber más: 



















1 comentario:

Eva Macià dijo...

M'agraden molt aquests entrades commemoratives! sens dubte una bona manera d'introduir noves súper dones!

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