martes, 11 de febrero de 2014

Margaret Bourke-White, siempre un paso por delante




Margaret Bourke-White fue una de las primeras fotoperiodistas de la historia: su objetivo capturó los acontecimientos y las personalidades más relevantes de la primera mitad del siglo XX; además de luchar de forma incansable a favor de la liberación de la mujer. 
Después de una vida intensa, de superación y lucha, cayo víctima del su propio gobierno, que la condenó al ostracismo, y borró su nombre de la historia. Pero la calidad de sus trabajos la hizo resurgir por mérito propio.

Margaret Bouke-White, pionera del fotoperiodismo, fotógrafa de guerra y defensora de los derechos de la mujer:

Nació en el seno de una familia de inmigrantes neoyorquinos, su padre era un judío polaco, y su madre una escocesa católica, creció en el Bronx y se educó en la escuela pública.
Empezó en el mundo de la fotografía como un hobby,  y complemento de su carrera de herpetología (rama de la zoología especializada en el estudio de reptiles y anfibios). Pero con la muerte de su padre, el año 1922, su vida dio un giro, y con 23 años decidió dedicarse de llene a su gran pasión: la fotografía. 

Fundó su propio estudio fotográfico en Cleveland (Ohio), donde obtuvo su primer éxito al fotografiar las instalaciones de la Otis Steel Company. No fue un trabajo fácil, ya que tuvo que superar muchas dificultades, la primera, de la propia compañía a la hora de difundir imágenes de una industria estratégica para la defensa nacional. La segunda por las dificultades técnicas que suponía trabajar en una fundición con temperaturas extremas, y la última, los propios trabajadores, que no veían con buenos ojos ni que los fotografiaran, ni que  fuera una mujer quien lo hiciera. 



Fotografia Otis Steel Company

Finalmente, la calidad de su trabajo dejó impresionados a todos, propietarios, trabajadores …pero especialmente a Henry Luce, importante fotoperiodista, que decidió incorporarla a su equipo de trabajo. Así Margaret entra a trabajar en el mundo de las publicaciones,  algunas tan influyentes como la revista Time.

Inicialmente Margaret Bourke-White fue enviada a la redacción de Fortune donde ejerció también como editora. Con 25 años ocupaba un lugar destacado en el mayor conglomerado de medios del fotoperiodismo, un ámbito en el que aún muy pocas mujeres trabajaban, y su fama de activista iba en aumento al compaginar su carrera con la reivindicación de políticas igualitarias en un sentido amplio.
En 1930: se convirtió en la primera fotógrafa occidental que viajó a la Unión Soviética, para comprobar sobre el terreno el progreso de la industria soviética. A pesar de que el encargo  era puramente propagandístico, Margaret Bourke-White, supo cómo traspasar los límites de su encargo, y documentar la industria pesada soviética, la realidad de la vida rural, y del día a día en las ciudades. Ofreciendo una primera visión de la sociedad que se estaba creando en la zona soviética. Pero lo que la lanzó a la fama, fue el retrato que realizó a Joseph Stalin, y que la catapultó a la fama. Así pues, entró a formar parte del equipo de la revista Life. La más importante del grupo editorial para el que trabajaba.


Joseph Stalin

En el punto más álgido de se carrera, y con total libertad profesional, Margaret dirigió el objetivo de su cámara a la realidad social de su país, la Gran Depresión y la discriminación racial en los estados del sur.


Afectados por las inundaciones. Louisville, Estados Unidos. 1937.
Sin embargo, había llegado a la cima de su profesión en medio de un mundo deprimido que se encaminaba hacia sus años más sombríos y, cuando le dijeron que se había ganado una libertad profesional absoluta, enfocó su objetivo hacia la Gran Depresión y la discriminación racial del sur de los Estados Unidos. Esta época de reivindicaciones en clave nacional solo se vio interrumpida al final de la década de los 30 cuando de nuevo Europa volvió a reclamar su atención. Como hizo tantas veces a lo largo de su carrera, trató de anticiparse a la tensión política reinante y volvió al viejo continente poco antes del estallido de la guerra: cuando Alemania invadió Polonia, Margaret Bourke-White era uno de los pocos periodistas norteamericanos que pudo desplazarse hasta el lugar donde se desarrollaría el primer capítulo del infierno que supuso la II Guerra Mundial, convirtiéndose en ese mismo instante en la primera mujer de la historia en ejercer como corresponsal de guerra. No hubo lugar a la clásica polémica: nadie se preguntó si era adecuado que una mujer se adentrara en el frente porque, en aquellas primeras jornadas, o lo hacía ella, o no lo hacía nadie. Meses después, decenas de mujeres entraban por esa puerta que Bourke-White había abierto intempestivamente.

Margaret Bourke-White

La labor de Bourke-White entre 1939 y 1945 confirmó que contaba con la cualidad más importante para ser una gran fotoperiodista: siempre parecía encontrarse en el lugar adecuado, en el momento adecuado. En los casi seis años que duró la guerra, nunca perdió la delantera en la lucha paralela que los corresponsales mantenían entre sí: cuando otros periodistas fueron llegando al frente, ella se desplazó a los hospitales de retaguardia para retratar las consecuencias de la lucha; logró adentrarse en el invierno de la campaña en Rusia y fotografiar las arenas abrasadoras de la campaña africana; retrató las convulsiones políticas que acabaron con el fascismo italiano; y acompañó a las tropas norteamericanas comandadas por Patton en su febril avance hacia Berlín, captando alguna de las primeras instantáneas que golpearon la conciencia del mundo al producirse la liberación del campo de concentración de Buchenwald. Su entereza en todos estos trances hizo que los soldados del U. S. Army se refiriesen a ella como “Maggie la indestructible”. Años más tarde, declaró que solo pudo soportar aquella experiencia gracias a su cámara, que se interponía como una sutil barrera entre ella y los horrores que presenciaba.

       
Preparandose para realizar una fotografia en Buchenwald



Momento en el que tiene lugar la liberación de Buchenwald llevada a cabo por tropas americanas.Prácticamente no descansó a lo largo de toda la II Guerra Mundial y, a pesar de ello, pocos meses después decidió viajar a la India para cubrir el estallido de violencia entre hindúes y musulmanes que estaba propiciando la pérdida del poder colonial británico en la región. De nuevo, su capacidad personal le permitió fotografiar y conocer a los principales actores del proceso, incluyendo al mítico Mahatma Ghandi, al que retrató horas antes de ser asesinado. La serenidad del líder indio, leyendo junto a una rueca, se convirtió inmediatamente en una fotografía histórica.
Gandhi leyendo en su casa en 1946. Fotografía de Margaret Bourke-White, LIFE MAGAZINE
 Finalmente, Margaret Bourke-White acabó adelantando al mundo en el que le tocó vivir: el conservadurismo estadounidense de posguerra condicionó e incluso acabó con carreras profesionales y vidas personales mucho menos significadas ideológicamente que las de esta fotógrafa que reivindicaba el fin del sufrimiento en todas sus formas, tanto violentas como económicas. Sus viajes a la Unión Soviética fueron como un trapo rojo agitado frente al tenaz senador encargado de enderezar la moralidad de los estadounidenses más sospechosos. A Joseph McCarthy, desde luego, documentación no le faltó: el FBI entregó diligentemente a la comisión de escrutinio toda la documentación que había acumulado sobre Margaret Bourke-White desde 1930, fecha en la que una fotógrafa de 26 años comenzó a parecerle sospechosa a la todopoderosa agencia. Finalmente, las montañas de expedientes demostraron su reiterado contacto con diversas organizaciones para la extensión de los derechos civiles y políticos. Inicialmente, la neoyorquina trató de seguir haciendo su trabajo a pesar de las crecientes reticencias que despertaba y, aunque aún tuvo tiempo de viajar a Sudáfrica para contemplar las miserias del apartheid, finalmente fue incluida en la relación de artistas significados como comunistas por los diversos comités que controlaban las actividades antiamericanas.

Margaret en su casa


Al ostracismo social sobrevino rápidamente la merma de su salud: en 1953, a la edad de 49 años, Margaret Bourke-White comenzó a manifestar los primeros síntomas del párkinson que acabaría con su vida. Tras el definitivo diagnóstico luchó infructuosamente contra el avance de la enfermedad, hasta que se retiró definitivamente y redactó, durante seis años, su autobiografía. Aparentemente, Margaret Bourke-White sufrió mucho sus últimos años de vida: denostada políticamente, fue perdiendo progresivamente el habla y su tratamiento consumió rápidamente los escasos ahorros que no había entregado a la beneficencia. Finalmente, fue ella quien debió ser asistida por las organizaciones con las que tanto colaboró. Sin embargo, hasta entonces, Margaret Bourke-White vivió, y murió, de un mismo modo: tal y como ella quiso hacerlo. Y puede que, en realidad, ese haya sido el mayor logro de una mujer que dedicó por completo su vida a retratar los horrores de la primera mitad del siglo XX.

(fuente: Neville Magazine Digital, 13 de marzo de 2013) 

Para saber más:



Maestros de la fotografía : El mundo de entreguerras (Brassaï, Alfred Eisenstaedt, Margaret Bourke-White, Willy Ronis. Ed. Estudi Cases, Madrid 2009)
Margaret Bourke-White. Momentos de la historia (La Fábrica, 2013)
 

The iconic photographs of Margaret Bourke-White
Margaret Bourke-White, la primera corresponsal de guerra 
Margaret Bourke-White (fotografos de la revista LIFE)

Colegas de profesión:





1 comentario:

Eva Macià dijo...

Ohh aquesta si que m'ha fet enveja ;-). Quin luxe haver immortalitzat tota aquestes persones i aconteixements!! un petó!

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